El 007 investiga un contrabando de
diamantes que es mucho más que eso, no sin antes cargarse --también en
apariencia-- a Ernst Stavro Blofeld, el asesino de su esposa. Después de ser
remplazado durante 140 minutos por George Lazenby, un Sean Connery para siempre
James Bond --y al revés--, pero mortalmente
harto del personaje, vuelve en su última peripecia oficial. Lástima que la
cinta dirigida por Guy Hamilton resulte morosa y floja, no obstante alguna que
otra escena y las confiables chicas Bond, muy en particular una exquisita Lana
Wood como la demasiado brevemente apreciada Plenty O’Toole.
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jueves, 14 de febrero de 2013
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