Mostrando entradas con la etiqueta eusebio poncela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eusebio poncela. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de enero de 2015

Diario de invierno (1988)


Metafísico policial negro, impenetrable alegoría de un submundo de la castellanidad, lírica visión de la muerte: los más sublimes actores de sus respectivas generaciones, Fernando Rey y Eusebio Poncela interpretan, naturalmente, a padre e hijo: éste es un policía desconcertante, a veces tierno como un niño inocente, otras tan brutal como para echar a patadas a su propia madre de la comisaría que dirige; aquél es un ruinoso arcángel de la muerte, especialista en el inevitablemente siniestro (por misterioso, secreto) manejo de venenos de serpiente para que sus numerosos clientes tomen un atajo hacia el otro mundo… Ambos están relacionados con prostitutas (el policía nació de una, en plena acera; su padre era un golfo que se acostaba con todas, incluida la madama, futura abuela de aquél) y con la ambigüedad de fenómenos como el fuego (cuando niño, el infantil policía intentó quemar vivo a su padre) y la locura (representada en la madre, en la figura alucinada del Culebrero, en la misma estructura onírica del relato), mientras el Requiem de Mozart se desplaza desde un maldito fantasma paterno hasta un parricida frustrado en busca de consuelo. 3.5/5

viernes, 25 de julio de 2014

Larga noche de julio (1974)


El espléndido Eusebio Poncela, uno de los titanes del arte dramático de la península ibérica, encuentra un bastante decente vehículo de lucimiento en este filme --posterior a su presencia clave en La semana del asesino (1973)-- sobre la tentación del delito y sus efectos devastadores e irreversibles. Ambientado en el circuito motociclístico de competición, narra la íntima tragedia de Pedro (Poncela), una joven promesa que, debido a la ambición y la falta de presupuesto conveniente, toma una desesperada decisión y se involucra con Toni (Simón Andreu), la descarada oveja negra de una familia bien que planea el “crimen perfecto”. Dirección y ambientación contribuyen al suspenso de un drama moral que ilustra contundentemente lo absurdo e inútil de ciertas conductas, así como la finísima línea divisoria entre el bien y el mal, el antes y el después en un mundo como el nuestro. ****/*****