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lunes, 26 de enero de 2015

Diario de invierno (1988)


Metafísico policial negro, impenetrable alegoría de un submundo de la castellanidad, lírica visión de la muerte: los más sublimes actores de sus respectivas generaciones, Fernando Rey y Eusebio Poncela interpretan, naturalmente, a padre e hijo: éste es un policía desconcertante, a veces tierno como un niño inocente, otras tan brutal como para echar a patadas a su propia madre de la comisaría que dirige; aquél es un ruinoso arcángel de la muerte, especialista en el inevitablemente siniestro (por misterioso, secreto) manejo de venenos de serpiente para que sus numerosos clientes tomen un atajo hacia el otro mundo… Ambos están relacionados con prostitutas (el policía nació de una, en plena acera; su padre era un golfo que se acostaba con todas, incluida la madama, futura abuela de aquél) y con la ambigüedad de fenómenos como el fuego (cuando niño, el infantil policía intentó quemar vivo a su padre) y la locura (representada en la madre, en la figura alucinada del Culebrero, en la misma estructura onírica del relato), mientras el Requiem de Mozart se desplaza desde un maldito fantasma paterno hasta un parricida frustrado en busca de consuelo. 3.5/5

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mare nostrum (1948)


María Félix y Fernando Rey estelarizan esta (segunda y última) adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez por Rafael Gil --la primera, dirigida por Rex Ingram, fue rodada en inglés--, también conocida como Alba de sangre. Durante la Segunda Guerra Mundial, el aún joven capitán de un navío español, forzosamente detenido en las costas de Italia, persigue sin tregua a una exótica beldad que resulta ser una Mata Hari de cuidado, alguien que (inclusive si no será su voluntad) conseguirá arruinar su vida. Ágil pese a los eventuales diálogos expositivos de rigor, y filmada con un estilo irregular que no ensombrece sus más profundos momentos, la principal razón para disfrutar la grave película es, cómo no, su incomparable pareja protagónica: dos actores en transparente estado de gracia, derrochando incontestable naturalidad --y los detractores de la Doña deberían tomar nota-- e intensidad, además de oportunísima química profesional. Las escenas que comparten, especialmente, son prueba fehaciente de que la interpretación dramática es reacción, y recuerdo constante de que los mejores siempre hacen lucir todo al ritmo de la vida… aun cuando vaya a dar al fondo del Mediterráneo. 4/5



miércoles, 19 de septiembre de 2012

Elisa, vida mía (1977)


El gran Fernando Rey fue reconocido con el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes por esta cinta, una ilustración bucólica, crepuscular, con visos de pesadilla, de una España recogida en los coletazos postreros del Franquismo. Sin asomarse en absoluto a la poesía lograda espontáneamente por un Víctor Erice o (ni qué decir) un Buñuel, el irregular Carlos Saura (realizador de la genial, totalmente excepcional Cría cuervos..., y de la atroz, sobreestimada La caza) escribe y dirige una pieza de cámara interesante, con un par de actores en estado de gracia (además de Rey, Geraldine Chaplin), transmitiendo una sensación desbordante de cronología circular y desdoblamiento de identidades que agobia el ánimo tanto como lo intriga, envolviéndonos en una bruma obsesiva, esquizofrénica y cruel cual la vida misma --y el destino que la mira desde las estrellas, como a una obra de Calderón puesta en un anfiteatro griego.