Metafísico policial negro, impenetrable alegoría de un
submundo de la castellanidad, lírica visión de la muerte: los más sublimes
actores de sus respectivas generaciones, Fernando Rey y Eusebio Poncela interpretan,
naturalmente, a padre e hijo: éste es un policía desconcertante, a veces tierno
como un niño inocente, otras tan brutal como para echar a
patadas a su propia madre de la comisaría que dirige; aquél es un ruinoso arcángel
de la muerte, especialista en el inevitablemente siniestro (por misterioso,
secreto) manejo de venenos de serpiente para que sus numerosos clientes tomen
un atajo hacia el otro mundo… Ambos están relacionados con prostitutas (el
policía nació de una, en plena acera; su padre era un golfo que se acostaba con
todas, incluida la madama, futura abuela de aquél) y con la ambigüedad de
fenómenos como el fuego (cuando niño, el infantil policía intentó quemar vivo a
su padre) y la locura (representada en la madre, en la figura alucinada del Culebrero, en la misma estructura onírica del relato), mientras el Requiem de
Mozart se desplaza desde un maldito fantasma paterno hasta un parricida
frustrado en busca de consuelo. 3.5/5
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lunes, 26 de enero de 2015
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Mare nostrum (1948)
María Félix y
Fernando Rey estelarizan esta (segunda y última) adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez
por Rafael Gil --la primera, dirigida por Rex Ingram, fue rodada en inglés--, también conocida como Alba de sangre. Durante la Segunda Guerra Mundial, el aún joven capitán de un
navío español, forzosamente detenido en las costas de Italia, persigue sin
tregua a una exótica beldad que resulta ser una Mata Hari de cuidado, alguien
que (inclusive si no será su voluntad) conseguirá arruinar su vida. Ágil pese a
los eventuales diálogos expositivos de rigor, y filmada con un estilo irregular
que no ensombrece sus más profundos momentos, la principal razón para disfrutar
la grave película es, cómo no, su incomparable pareja protagónica: dos actores
en transparente estado de gracia, derrochando incontestable naturalidad --y los
detractores de la Doña deberían tomar nota-- e intensidad, además de
oportunísima química profesional. Las escenas que
comparten, especialmente, son prueba fehaciente de que la interpretación
dramática es reacción, y recuerdo constante de que los mejores siempre hacen
lucir todo al ritmo de la vida… aun cuando vaya a dar al fondo del Mediterráneo.
4/5
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miércoles, 19 de septiembre de 2012
Elisa, vida mía (1977)
El
gran Fernando Rey fue reconocido con el premio al Mejor Actor en el Festival de
Cannes por esta cinta, una ilustración bucólica, crepuscular, con visos de
pesadilla, de una España recogida en los coletazos postreros del Franquismo.
Sin asomarse en absoluto a la poesía lograda espontáneamente por un Víctor
Erice o (ni qué decir) un Buñuel, el irregular Carlos Saura (realizador de la
genial, totalmente excepcional Cría cuervos..., y de la atroz, sobreestimada La
caza) escribe y dirige una pieza de cámara interesante, con un par de actores
en estado de gracia (además de Rey, Geraldine Chaplin), transmitiendo una
sensación desbordante de cronología circular y desdoblamiento de identidades
que agobia el ánimo tanto como lo intriga, envolviéndonos en una bruma
obsesiva, esquizofrénica y cruel cual la vida misma --y el destino que la mira
desde las estrellas, como a una obra de Calderón puesta en
un anfiteatro griego.
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